Vivir la feria medieval desde arbizenea
Si hay un fin de semana en el que el tiempo se detiene por completo en nuestra villa es cuando llega el Mercado Medieval de Balmaseda. No es solo una feria con puestos, es un pueblo entero disfrazado, que retrocede siglos para recordar su pasado como la primera villa de Bizkaia.
Del 9 al 10 de mayo, Balmaseda se transforma en una experiencia tan auténtica que hay que vivirla, al menos, una vez en la vida.

Un viaje en el tiempo
Pasear por Balmaseda durante estos días es sentirse parte de una historia de época. Al recorrer calles emblemáticas como Martín Mendía, Correría o Pío Bermejillo, verás cómo el asfalto desaparece bajo mantos de paja y los balcones se engalanan con estandartes y escudos heráldicos.
Lo que realmente hace especial esta feria es la implicación de su gente, pues verás a los vecinos vestidos con sus trajes de época, desde nobles y artesanos hasta humildes campesinos. Cada rincón y cada plaza te sorprenderá con un detalle diferente que te transportará al pasado.
Lo que no te puedes perder
La feria comenzará el 9 de mayo con una explosión de música y color gracias al pregón y el desfile. Malabaristas, bufones y grupos de música medieval harán que cada esquina de la villa se inunde de un ambiente festivo único, donde el sonido de las gaitas y los tambores marcarán el ritmo del día.
Además, no podéis faltar al torneo de caballeros, una exhibición de fuerza y destreza que dejará con la boca abierta a los más pequeños, y quizás a los no tan pequeños. Por último, no olvidéis visitar el corazón de la feria, el Mercado Artesanal. Allí encontraréis puestos con productos hechos a mano como los de antaño, desde cuero y cerámica hasta jabones naturales y joyas.


Imagenes sacadas de baibizkaia
Sabores de otra época
Durante la feria, Balmaseda se convierte en un banquete continuo. Las tabernas al aire libre inundan el aire con aromas a carnes a la brasa y embutidos de la zona. Es el momento perfecto para degustar dulces tradicionales, tartas artesanales y frutos secos garrapiñados.
Como siempre decimos en Arbizenea, el “turismo slow” también consiste en saber cuándo parar y disfrutar. Entre bocado y bocado, podéis aprovechar para dar un paseo más tranquilo junto al río Kadagua.

Un descanso necesario tras la fiesta
Un pequeño consejo de anfitrión: trae calzado cómodo. Balmaseda se descubre caminando, recorriendo cada callejuela y cada puente, y vuestros pies agradecerán ir bien preparados para no perderos nada del espectáculo.
Vivir la feria desde Arbizenea significa estar en el epicentro de la cultura de las Encartaciones pero con la posibilidad de retiraros a descansar cuando el cuerpo lo pida. Tras la intensidad de los torneos, el bullicio del mercado y la alegría de las tabernas, regresar a Arbizenea es volver a la calma. Aquí podréis relajaros antes de volver a sumergiros en la magia medieval al día siguiente.